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Josep Puigmartí. © Hotel Estela Barcelona

EL CREADOR DE LOS MONSTRUOS MÁS BELLOS: Josep Puigmartí

Josep Puigmartí nació en Monistrol de Calders en 1932. Con una formación académica muy justa, todo lo conseguido a lo largo de su vida profesional ha sido valiéndose de las innumerables experiencias vividas durante sus viajes y su profusa actividad social. Personaje dotado de un gran magnetismo, figura carismática y errática, siempre se ha permitido el lujo de ir de frente, por muy irritante que tal actitud resultase para muchos. Contrario a muchas de las creencias más arraigadas dentro del mundo de la intelectualidad artística, su espíritu vagabundo, hedonista y aventurero siempre ha rehuido el academicismo y cualquier intento de clasificación. Actualmente, a sus ochenta y cuatro años, sigue residiendo y trabajando en el hotel Estela Barcelona de la bella localidad costera de Sitges, donde finalmente posó la que hasta entonces había sido su ajetreada existencia en 1989, gracias al respaldo de sus promotores, Antoni Almazor y Francesc Castellví.
 

Usted coquetea con el surrealismo, ¿es quizás porque le permite evadirse distorsionando la realidad?

En primer lugar, yo no sé si soy surrealista, cubista o qué soy. Esto lo deciden los críticos. Yo no leo libros sobre surrealismo. Yo cuando veo o hago una pintura, me la miro tal como es. Hago lo que me apetece, artísticamente hablando. Tengo total libertad plástica y (sonríe), yo no coqueteo con nadie; cuando coqueteo es con una mujer.

Háblenos de su relación con Salvador Dalí ¿cuál fue el mayor legado que esa amistad le dejó?

Yo vivía en Cadaqués y era amigo de Albert Oliveras que era un personaje del mundo del periodismo, muy conocido y popular, ya que era el locutor del famoso programa de radio Ustedes son formidables. Oliveras era invitado frecuente en las fiestas que organizaba Dalí en Portlligat. Allí se juntaban muchos personajes famosos de aquella época (Gauche Divine), intelectuales, actores, artistas, periodistas, etc.
Aparecí allí acompañando a Oliveras y aunque Dalí me interesaba como personaje porque era divertido y me hacía reír, en lo referente a su pintura, ésta no me interesaba. Nunca habíamos hablado de arte, sólo hablábamos de trivialidades.
Lo que sí me gustaba era su capacidad de autopromocionarse y de ser él mismo; para mí, él fue el descubridor de la autopromoción. Me gustaba el personaje y cómo se mostraba a los demás, con todas sus excentricidades. Recuerdo que una vez hizo de anfitrión y me acompañó para mostrarme personalmente su casa. En otra ocasión, su esposa, Gala, que me estaba enseñando el jardín, arrancó una flor y me la obsequió delante de todos los invitados. Entonces yo me acerqué al fotógrafo, Oriol Maspons, que andaba por allí, y le pregunté si lo había captado con su cámara. Lamentablemente no fue así ya que por aquel entonces él sólo se dedicaba a la fotografía para catálogos de moda. Desde luego, como él mismo me confesó, si hubiera fotografiado a todos los personajes y situaciones que tenían lugar en aquellas fiestas, hoy en día atesoraría un documento gráfico único.  

¿Considera que sus creaciones hacen apología de la belleza?

Hubo una época, durante mi periodo de surrealismo erótico, en que sí que buscaba la belleza,…una belleza diferente. Diferente porque las mujeres son como son, con una nariz, dos pechos, etc. Por ejemplo, un cirujano no puede hacer una mujer con más de dos pechos; sin embargo yo, como artista, sí que puedo. Como pintor, ¿por qué tengo que hacer una mujer de la manera convencional? Yo puedo hacer que tenga más de dos pechos o ponerle un pecho en la cabeza. Las pintaba muy guapas porque me gusta la belleza, de manera que yo creaba monstruos, pero monstruos de extrema belleza que sólo existían en mi imaginación.

Desfigura, deforma y distorsiona sus figuras,... ¿qué le inspira?
Cuando pinto, no pienso en lo que voy a pintar,…sale lo que sale.
Los personajes que pinto es imposible imaginarlos, y si lo pensase, no me saldrían. Precisamente el hecho de pintar de manera irreflexiva facilita que surjan esos personajes tan extraños. A mí me inspira esa libertad creativa, y una vez acabados, cuando los observo, yo mismo me sorprendo del resultado. Lo que me sugiere de verdad es buscar esa sorpresa, descubrir lo que he pintado, como el observador de un cuadro mío que se sorprende al verlo. A mí me sucede lo mismo que a él, pese a haberlo pintado yo.

Mujeres, ojos, son elementos icónicos en su obra ¿Se considera Vd. una persona obsesiva?
No es obsesión. Tú, cuando observas el mundo, ves lo que hay, lo que lo integra. Sin embargo, si tú ves una montaña con un ojo en la cima, te da la impresión de que esa montaña te está mirando. Esa quizás sí que es mi obsesión, el hecho de que un ojo, sin palabras, y sólo por el hecho de estar ahí, ya transmita y genere misterio. Hace que nos sintamos observados. Puedo pintar un cuadro abstracto, pero si le añades un ojo, parece que has creado un personaje que mira. El ojo, por sí solo, siempre observa.

¿Puede haber arte sin belleza? 
La belleza es subjetiva e inventada por el hombre. Lo que a una persona le gusta, a otra le puede parecer horrible. Los estereotipos de belleza varían según continentes o sociedades: en África vemos mujeres con rasgos muy diferentes a nuestro ideal de belleza pero que en su sociedad son consideradas como muy bellas. A veces incluso nos fascinan cosas que no son bonitas, como una mancha de Tàpies.

¿De qué cree que adolece el arte hoy en día?
Para mí, adolece de falta de libertad (creativa). Los artistas piensan demasiado en lo que quieren crear y de esta manera, son menos libres. Cuando piensas en lo que vas a pintar, estás coartando tu propia creatividad. Intentas copiar lo que estás pensando y esto te limita. En cambio, si pintas de manera irreflexiva, sin pensar, no tienes ninguna expectativa sobre lo que va a salir, y es entonces cuando el resultado te desconcierta. Algo que ya has pensado nunca te sorprende porque ya lo has imaginado y para mí la vida se basa en descubrir siempre, para poder ver qué traerá de inesperado el nuevo día.
Hoy mi vida es muy monótona y empiezo a notar cómo la gravedad me aprieta; lo único nuevo en mi día a día son mis creaciones, ver cómo resultan es lo que me provoca sorpresa y me satisface.
Lo que el hombre crea nunca se parece a la naturaleza (excepto las manchas que comentaba antes). Los seres vivos del mundo animal son geométricos, en todos hallamos simetrías cuando los divides por la mitad. En cambio el hombre trasciende este concepto. Un oso, por ejemplo, no es capaz de crear una línea recta (o curva). Sin embargo el hombre sí, porque está muy por encima de los animales. El hombre es un dios, es un creador.

¿Se siente satisfecho con el camino recorrido?

Por supuesto, sí. Y ahora más que nunca. Hace años me recreaba en mi pintura para crear esos monstruos perfectos. Hoy en día creo de manera espontánea y acepto el resultado, me sorprende.

¿Qué relación mantiene con el Reial Cercle Artístic de Barcelona?

Cuando Xavier Castellví1 estaba vivo, esa relación era mucho más estrecha que ahora. Desde luego, es un honor que en su día me distinguiesen como artista de mérito de una institución que aboga por el academicismo, teniendo en cuenta que soy un artista autodidacta.
Ha tenido una vida repleta de experiencias ¿Qué le queda por hacer?
Pues continuar descubriendo hasta que me muera. De lo que estoy seguro es de que al otro lado no hay nada que descubrir, aunque comprendo que la auténtica fe ayuda a la gente a vivir. Desde mi ateísmo, pienso que del mismo modo que antes de nacer no tenía consciencia de mí mismo, cuando muera volveré a perder la consciencia que tengo ahora. Picasso no sabe si hablamos de él o no. No es consciente de ello. Yo creo en el universo, y en que no estamos solos. Es tan grande que resulta incomprensible. Y se rige por sí mismo. Lo peor en esta vida es vivir mal, con dolor. La vida es corta y pasa rápido. Lo fantástico es pasar por aquí y poder vivirla e ir descubriéndola, de manera que lo que me queda por hacer es seguir descubriendo este mundo dado que sobre el otro no sé nada. █


1 Xavier Castellví (27 de abril de 1966-23 de enero de 2013)
Primogénito de Francesc Castellví (77 años), propietario del hotel Estela Barcelona, fue un gran amante del arte que respaldó e impulsó con pasión la carrera artística de Josep Puigmartí hasta su fallecimiento.