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Bisonte. 15.000-20.000 a. de C. Cueva de Altamira, Cantabria, España

LA ESENCIA DE LA ABSTRACCIÓN

La abstracción (del latín abstrahere, 'alejar, sustraer, separar') es, para la filosofía, una actividad cerebral que permite aislar de algo, a nivel conceptual, una cierta cualidad, física o funcional, con la intención de reflexionar acerca de ello sin considerar el resto de las propiedades del objeto en cuestión.
Cuando gracias a dichos pensamientos o a la acción de comparar entre diversas cosas, se advierte que la cualidad aislada es común a varios, se dice que el objeto sometido a la abstracción es un universal. La disciplina que se dedica a investigar sobre la existencia, o no, de los universales separados de su reflexión, es la metafísica.

Lo real y lo abstracto

Lo que Platón quiso dar a comprender es que una palabra que describe algo y todos entienden el significado sin referirse al objeto concreto, como un universal, es una idea atemporal, perfecta, y por eso inmutable, en la cual lo concreto –real– participa parcialmente, ya que el mundo material es un espejo imperfecto del mundo real. Platón, en consecuencia, fue el primer realista.

Aristóteles introdujo el término aphaireis que se tradujo al latín como abstractio. En contra de Platón, que creía en una intuición directa de las esencias o ideas, Aristóteles considera que toda idea universal se fundamenta en datos empíricos. Así, la idea (o concepto) de «mesa», por ejemplo, procede del proceso de comparación de diversos objetos muebles que comparten entre sí unas características semejantes que podemos «abstraer» y quedarnos con lo que tienen en común. Aquello que hace que una mesa sea una mesa no es que sea cuadrada, redonda, rectangular, de madera, de mármol, verde, amarilla o roja, sino que abstraemos de estos objetos su color, su forma, el material del cual están hechas y nos quedamos con la idea o el concepto de mesa. Dicho concepto, pues, procede del proceso mental de abstracción.
Si a partir de la reflexión o la comparación de múltiples objetos, la propiedad que se aísla se considera común a los mismos, el objeto de la abstracción es un universal.

La cuestión de si los universales existen o no de alguna manera, separadamente de la reflexión intelectual sobre ellos (es decir, si efectivamente existe algo común a los objetos, más allá de la hipótesis concebida por la persona que los contempla) y, de existir, cuál es su naturaleza en su relación con los individuos, es uno de los temas que más disputas ha producido en metafísica, y uno de los criterios fundamentales que separan a empiristas y realistas; estos últimos sostienen que los universales son realidades independientes de las cosas, realistas exagerados (Platón es el prototipo de este realismo y de quienes piensan que tales ideas universales están en la mente de Dios, que crea el mundo conforme a ellas en su plan de la Divina Providencia) o realistas moderados, que piensan que los universales son entes de razón con fundamento en la realidad (la escolástica moderna).

Para San Agustín, la actitud hacia los objetos sensibles es platónica: no puede obtenerse verdadero conocimiento de ellos por su carácter mudable, lo que les priva del status de verdadero objeto de conocimiento, tal y como describió Kant con el neologismo de noúmeno. Siendo la sensación común a hombres y animales, al hombre le diferencia del animal la posibilidad de conocimiento racional de los objetos corpóreos (ratio inferior), de forma que los niveles del conocimiento serían los siguientes: a) el nivel inferior de conocimiento lo constituye la sensación, común entre el hombre y los brutos: bestias; b) en un nivel intermedio se sitúa el conocimiento racional, dirigido a la acción, que supone el uso de los sentidos y se dirige a los objetos sensibles, pero en el que la mente juzga los objetos corpóreos de acuerdo con modelos eternos e incorpóreos (ratio inferior); y c) el nivel más alto lo constituye la contemplación que hace la mente de las cosas eternas por sí mismas, sin intervención de la sensación, lo que se conoce como sabiduría, de carácter puramente contemplativo (ratio superior).

Santo Tomás de Aquino en cambio, sigue el pensamiento aristotélico. Estaba convencido de que la inteligibilidad se desarrolla de forma paralela a la inmaterialidad, y es por eso que son más comprensibles las cosas de carácter material que las espirituales; pese a ello, las cuestiones superiores del saber tienen que ver con el conocimiento espiritual. Las cosas impresionan a nuestros sentidos externos provocando sensaciones, que son organizadas por el sentido común y grabadas en la memoria o en la imaginación en forma de imágenes (phantasmata).
Pero esta imagen sigue siendo particular, no universal. Lo que pretende es precisamente llegar a los conceptos universales que hacen posible el conocimiento, al ser válidos para todos los individuos que contienen, al margen de sus diferencias individuales. Este paso de lo individual a lo universal se realiza mediante el proceso de abstracción, que explica mediante la función del entendimiento.

Niveles de abstracción

Abstracción de primer grado:

Es conocida como la abstracción formal. Permite conocer la materia móvil y sensible que forma a los objetos abstractos y captarlos en una forma amplia. En este nivel la inteligencia comprende la esencia del objeto, su materia (salvo raras excepciones, todas las cosas están formadas por materia). En la antigüedad esta parte del proceso recibía el nombre de phisica, es decir física.

Abstracción de segundo grado:

Conocida como la abstracción de la materia sensible. Analiza el número, cantidad o extensión de la materia que forma el objeto; es de tipo imaginaria y necesaria para comprender el funcionamiento del objeto. La diferencia entre este grado y el primero se encuentra en la inmaterialidad de este segundo. Es el mundo de la extensión y se resuelve a través de los números, es decir las matemáticas.

Abstracción de tercer grado:

Conocida como abstracción de toda materia, aquello que se separa de la materia y de lo numérico en un objeto. Este nivel trata sobre «ser como tal», es decir, sobre el mundo del «Ser» y las realidades que no son materiales, como el espíritu. Podría decirse que esa esencia se aprovecha de la materia y de sus cualidades numéricas para manifestarse, y que sólo puede comprenderse este aspecto de la esencia a través de la metafísica.
En lo que respecta a la abstracción como capacidad del razonamiento, ella es la que permite separar a los objetos en partes y comprender lo esencial de cada una de ellas. Según Jacques Maritain, para comprender lo fundamental de las ciencias especulativas, es necesario investigar sobre el dominio de las ciencias en su jerarquía y divisiones, las cuales pueden diferenciarse de acuerdo al grado de inteligibilidad (aquello que puede ser entendido) que poseen en ellas los objetos del conocimiento. 
Por lo tanto podríamos redefinirla como la acción de separar las propiedades de un objeto a través de una operación mental que conlleva a dejar de prestar atención al mundo sensible para centrarse en un pensamiento. 

Proceso de abstracción en el arte plástico

Debemos partir de la idea, ya consumada, de que cualquier acto de representación del mundo sensible –objeto– es una acción de abstracción formal. Por ello, hasta los hiperrealistas o los fotógrafos hacen abstracción. La mimesis platónica es una representación y por lo tanto una abstracción. Contemplemos de nuevo la obra Ceci n'est pas une pipe de Magritte, claro que no es una pipa, sólo es una representación formulada por una abstracción formal de una pipa real. 
Las primeras abstracciones de representación del mundo sensible las hemos descubierto en el arte paleolítico con los intentos de mimesis de animales en paredes al abrigo de cuevas. Un nivel superior ya se encuentra en el neolítico con representaciones icónicas de las figuras animales y su interacción con los humanos, formas geométricas y grupos asociados. Incluso hay quién dice que son representaciones de visiones extrasensoriales de algunos de los individuos que poseían esa capacidad –chamanes– y, por lo tanto, ya incluían el segundo y tercer nivel de abstracción, el matemático y el metafísico.
Picasso, al ver esas representaciones rupestres en la cueva de Lascaux, en el sur de Francia, dijo al salir de la cueva: «No hemos aprendido nada en doce mil años». Él supo ver el nivel de abstracción de aquellos iluminados artistas. Poco podemos añadir sobre el proceso de separar la esencia del objeto o concepto –idea– y centrarse en ella para representarla: http://www.turnerlibros.com/book/los-pintores-de-las-cavernas.html.
Si nos ceñimos a lo que nos han enseñado dentro de la historia del arte, la abstracción empieza con Kandinsky a principios de siglo XX. Como podemos entender, es incierto, aunque, sí diremos que fue quién la formalizó como una entidad –estilo– y dio explicación a través de sus escritos Punto y línea sobre el plano y De la espiritualidad en el arte. Pero, en esencia, la abstracción está presente en todo tipo de arte. La música, por ejemplo, usa el lenguaje abstracto de las octavas y consigue transmitir conceptos y provocar sensaciones y emociones.

La pregunta es: ¿Cabe diferenciar el arte plástico entre realista –figuración– y abstracto? No lo creo ni acertado ni conveniente. No es más que una clasificación carente de conocimiento. La ignorancia es tan atrevida que necesita etiquetar para sosegarse y entrar en la zona de confort, por la comodidad que supone el orden. El arte no es así, necesita la inquietud de la duda para adentrarse en mundos diferentes; quizás deshacer los universales para crear otros mejores. █