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De izquierda a derecha:  Fernando Pinós, Gema Losa y Gabriel Pinós. Foto Beatríz Maeztu Gomar © Museo del Modernismo de Barcelona.

MUSEO DEL MODERNISMO DE BARCELONA: La belleza no tiene edad, época o fronteras

GEMA LOSA

En marzo del año 2010, los galeristas Fernando Pinós y María Guirao fundaron el Museo del Modernismo de Barcelona en el corazón de la ciudad condal, una entidad totalmente privada y devota del periodo modernista catalán. Ambos, ejercían de anticuarios y se mostraban profundamente apasionados por un movimiento que, por aquella época, no gozaba de especial popularidad ni consideración, algo que favoreció sin duda alguna el poder ir haciéndose con valiosas piezas con las que enriquecer su colección. El matrimonio Pinós Guirao lideró una labor pionera, ya que por aquel entonces el modernismo catalán no tenía ni mucho menos el carisma que ahora disfruta, por lo que carecía del favor y simpatía de las instituciones: muchos edificios fueron demolidos y gran cantidad de obras de arte y piezas decorativas quedaron confinadas en almacenes durante años. Relevantes personajes del periodismo y las letras, como por ejemplo Josep Pla, Manuel Brunet o Carles Soldevila, exigían el derribo del Palau de la Música por considerarlo una aberración arquitectónica. Esta suerte de movimiento antimodernista vivió su mayor apogeo entre los años veinte y cincuenta, poco después de que el movimiento diera a su fin, entre 1910 y 1914, con la irrupción del Novecentismo, y tras treinta años de gran apogeo. Actualmente, el Modernismo ha recuperado el lugar de honor que merece, erigiéndose como uno de los más valiosos símbolos de identidad catalanes, y más concretamente, de la ciudad de Barcelona. 
Aunque se pueden encontrar piezas significativas en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), ya que atesora importantes colecciones del periodo, el Museo del Modernismo de Barcelona, emplazado en la calle Balmes, frente al seminario, muestra una delicada colección de pintura, escultura y artes decorativas de una época que durante su desafortunado periodo de menosprecio había llegado a ser calificada como «la época del mal gusto». Sus artífices, Fernando Pinós y María Guirao, inauguraron su primera galería en los años setenta, cerca del mercado de los Encantes, y más tarde la trasladaron a la calle Consejo de Ciento, donde en 1978 abrieron la galería Gothsland, muy cerca de la que posteriormente fundaría uno de sus hijos, Fernando Pinós Guirao. A fuerza de comprar y vender, la colección que atesora y exhibe el museo es el resultado de una selección de piezas únicas, gran parte de las cuales son exuberantes fondos de mobiliario y de artes decorativas procedentes de algunos de los más prestigiosos talleres artesanales de Barcelona.

Hoy entrevistamos a Fernando y a Gabriel Pinós, hijos de María y de Fernando, y sucesores del negocio familiar. Les acompaña Gema Losa, directora del Museo del Modernismo de Barcelona.

El negocio familiar ya rondaba en torno al galerismo y el anticuariado, lo que en cierto modo ya llevaba inherente un incesante flujo multidireccional de obras de arte modernistas ¿Por qué entonces la idea de crear un museo? (contesta Fernando Pinós)

Una de las referencias y atractivos más importantes de Barcelona son los maravillosos edificios modernistas que tiene la ciudad, y era una pena que los visitantes y los amantes del arte sólo pudieran disfrutar de su arquitectura. Pensamos que era necesario poder mostrar cómo ornamentaban todos estos edificios y cómo vivía la gente de la época. Nosotros disponíamos de un espacio situado en el centro de la ciudad y de una gran colección de obras de arte del período modernista. 

Tratándose de una institución privada, las nuevas adquisiciones imagino deben de ser cuidadosamente sopesadas ¿es así? (contesta Fernando Pinós)

Dejando a un lado el esfuerzo que se realiza debido a la inversión económica que suponen, las nuevas adquisiciones se llevan a cabo con total rigor, teniendo en cuenta que deben tener unas características muy concretas ya sea en su ejecución o su calidad, y siempre manteniendo o superando el nivel de la colección. 

Debe de resultar muy difícil sostener exclusivamente con fondos privados una entidad como ésta… (contesta Fernando Pinós)

No es nada fácil hoy en día mantener y ampliar nuestra colección, y además tenerla abierta al público sin ningún tipo de ayuda externa. Pero creemos que es necesario para Barcelona y para todos los amantes del arte contar con un espacio de referencia en el que puedan disfrutar de uno de los movimientos artísticos más importantes y esplendorosos de nuestra cultura y de nuestra ciudad. 

Qué conclusiones saca de un momento como el actual: museos subvencionados y masificados, pero aun así frecuentemente deficitarios; pequeños y encantadores museos vacíos; poca pedagogía entre tanto selfie,… (contesta Gema Losa)
Ciertamente es una realidad; creo que se debería hacer un esfuerzo para esponjar el público y acercarlo a espacios que valen la pena y que no son visitados por falta de desconocimiento y que a su vez, también resultan deficitarios, precisamente por las pocas visitas que generan. En mi opinión, los organismos correspondientes, deberían colaborar de una forma más activa hacia una difusión más amplia de los museos, sobre todo los menos frecuentados. Hay que evitar que la masificación en estos espacios suponga una devaluación de la calidad y servicios (actividades, confortabilidad de la visita, recorridos asequibles) que estas entidades más discretas puedan ofrecer y sin perjuicio, claro está, de la conservación del patrimonio. 

Parece que visitar museos parece responder más a un «postureo» que a una autentica necesidad cultural… (contesta Gema Losa)
La necesidad cultural es una realidad, dado que el hombre ha de satisfacer también las necesidades del alma. El arte es una de las alternativas que debe alimentarla para lograr un enriquecimiento interior. Nos hace personas sapientes, pero también conscientes y preocupadas por la Historia y por el entorno. Si actualmente estamos viviendo una época de mucho «postureo» es porque en lugar de en la educación de nuestras generaciones, se hace cada vez más hincapié en la inmediatez y en la necesidad de acumular experiencias, de cara siempre a la galería. La afluencia del público joven, sobre todo en ámbitos culturales, siempre será positivo, pero se debe alentar un interés verdadero, de fondo, no sólo desde las instituciones educativas y de la vida pública, sino desde el propio ámbito familiar y social. Acudir a ver una exposición no es un tick en la lista interminable de cosas que hacer en la vida (siempre con prisas), es un tick en el recorrido humano e identificativo de cada persona de cada cultura. 

Existe gran confluencia de opiniones al respecto ¿debería el gran arte haberse preservado de la desmesurada democratización de la que ha sido objeto, o cree que es preciso abrir puertas a todo el mundo para contribuir al lento pero necesario proceso de culturización de nuestro país? (contesta Gema Losa)

Es imprescindible que la cultura y la educación lleguen al mayor número de personas posible y sobre todo centrarnos en nuestros jóvenes, que son los futuros profesionales del patrimonio y de los museos, coleccionistas potenciales o el propio público que disfruta de las iniciativas culturales.
Desde luego, el Museo del Modernismo ha querido abrirse al público para llegar a cualquier persona que sienta la necesidad o bien de contemplar y aprender sobre sus raíces históricas, o bien disfrutar del simple hecho artístico y estético. Pero ante todo, un museo, como institución educativa, debe facilitar y propiciar el acceso universal al mismo. Hay muchas formas de democratización que no implican una devaluación de las entidades museísticas. Al fin y al cabo, la inversión en cultura también es una inversión que debe responder a objetivos de respeto, conservación y mejoras pedagógicas, y los profesionales están ahí para velar por ello.

Por otro lado considero importantísimo que las obras vayan acompañadas de un contexto, de una información, ya que las obras de arte en sí nos hacen pensar, reflexionar y disfrutar, y esto lo podemos hacer todos, evitando tanto la banalización de la cultura como su limitación al mundo de las élites.  El museo está al servicio del público y la medida del éxito del mismo no es la masificación, la afluencia porque sí, sino la calidad de la experiencia y el aprendizaje que cada uno de los visitantes se lleva a casa a su salida. Es nuestra labor averiguar si el visitante tiene una reacción positiva o no, si vuelve, si se convierte en habitual, etc., y estar atentos a las necesidades y a la adecuada respuesta que por nuestra parte podemos y debemos dar. 

¿Debe entonces el museo, como gran depositario del arte y sagrada institución, asumir su parte en la transformación social y cultural de un país? (contesta Gema Losa)

Por supuesto, se trata no sólo de mostrar la colección, sino de contextualizar las obras, de dar información y promover el que la cultura llegue a todos los estratos de la sociedad y a conocer parte de nuestra historia a través de las propias obras. La cultura y la educación son poderosas herramientas de transformación social, ya que propician el conocimiento, la reflexión y la capacidad de debatir. Y esta tarea, aparte de las muchas políticas educativas y sociales en manos de las instituciones públicas, es un deber de los museos. Desde ellos, con sus contenidos, propuestas y actividades, debemos ser capaces de sembrar entre las nuevas generaciones lo que será después un mayor conocimiento del entorno y de nosotros mismos para avanzar, si hacemos bien nuestro trabajo, en el futuro. 

En este último supuesto ¿quién considera que debe afrontar el coste económico? (contesta Gema Losa)

Creo que la intervención pública, siempre utilizada de forma responsable y coherente, debería ayudar a mantener los espacios culturales, siempre que los propios espacios sean deficitarios. En la medida en que las instituciones llegan a un modelo de autofinanciación, ya no necesitan esas ayudas o por lo menos en menor medida, y entonces se podrían dedicar los esfuerzos a otros espacios que actualmente se ven obligados a cerrar por falta de financiación. 
Cuando hablamos de falta de recursos, creo que también es fundamental hablar, como ya he comentado anteriormente, de deberes como entidad cultural. Con esto quiero decir que, aunque nuestro objetivo es conseguir optimizar nuestros propios recursos como entidad privada, la presencia de partidas públicas es fundamental para la implicación de todos en la vida cultural de la ciudad. 

Leo Castelli supo establecer vínculos entre los galeristas y los árbitros culturales que supuestamente son representados por el museo. La presencia de una obra en un museo pudiera ser la más definitiva de sus consagraciones ¿En base a qué tipo de criterio se decide qué pieza está en venta y qué pieza debe permanecer en los fondos del museo… (contesta Gabriel Pinós)

Hasta 2008, año en el que se inicia el proyecto del museo, el proceso era el siguiente: se realizaba una exposición monográfica o colectiva en Gothsland, una vez finalizada ésta, se decidía si alguna de aquellas obras que por ser muy representativa del estilo o del artista merecía ser incluida en la colección y, consecuentemente, se retiraba del circuito comercial. Ello no quiere decir que después de cada exposición se incrementara la colección con alguna obra, aunque sí es cierto que este lento y meditado proceso se ha efectuado durante prácticamente 4 décadas. Fruto de esta apasionada y rigurosa afición que iniciaron nuestros padres y pese a ofertas que tuvimos con algunas obras de la colección, pudimos inaugurar el Museo del Modernismo en 2010. Desde entonces siempre surge el debate cuando entra una obra nueva, y sin poderlo explicar objetivamente al final se encuentra un equilibrio entre el «seny i la rauxa». (N. del T.: entre la cordura y el arrebato) 

¿Y qué pasa con el buen gusto? ¿es algo intemporal o es que ya no se estila? (contesta Gabriel Pinós)

En el proceso de creación artística, en menor o mayor proporción, está presente el sentido estético. Pero no sólo sucede en la creación. En nuestra vida diaria, en la toma de decisiones, también está presente el sentido estético, de manera consciente o inconsciente, y con ello quiero decir que los cánones cambian o evolucionan y se suelen encontrar puntos de unión en sociedades en principio antagónicas. La belleza no tiene edades, épocas ni fronteras. 

¿Hay belleza en el arte actual?  (contesta Gabriel Pinós)
Hay belleza en todo lo que nos rodea.

Demasiados artistas actuales se sirven de la manida expresión del «diálogo con…» para intentar hacer cotizar sus obras dentro de un marco de referencia como bien puede ser un museo de arte contemporáneo. ¿No cree que al arte actual debería dialogar menos con los grandes maestros e innovar más? (contesta Gabriel Pinós)

Quizás estén de moda los maridajes en prácticamente todos los sectores. Encuentro muy interesante la oportunidad de poder ver y experimentar puntos de vista poco ortodoxos y desde otros campos diferentes. La experiencia en sí es mucho más enriquecedora y, desde luego, no podemos obviar tener como referencia a los grandes clásicos. El día en que los artistas no tengan inquietudes sí deberíamos preocuparnos; mientras tanto dejemos que fluya la creatividad. 

Lo más excelso de nuestra cultura, de nuestro arte, suele ser bastante más valorado (desafortunadamente) fuera de nuestras fronteras ¿Tiene el museo previsto algún tipo de estrategia a efectos de dar a conocer su importante papel al público de fuera de la ciudad? (contesta Gema Losa)

Una palabra: Internet. Es una herramienta básica y es el nuevo medio de comunicación de las últimas generaciones por lo que una de nuestras estrategias es centrarnos en las tecnologías para poder combinarlas acordes a los tiempos que vivimos. Si nos adaptamos a las nuevas exigencias comunicativas estaremos siempre en red, no sólo con un público potencial, sino con los visitantes pasados y asiduos, con los que mantener diálogos constantes que hagan de nuestro museo un espacio dinámico y con mucha, mucha participación. Derribando las distancias físicas, la red nos pone en contacto con un amplio abanico de público.

Además nuestro museo se ofrece, abiertamente, y con los recursos que pueda asumir, no sólo a conservar el modernismo y darlo a conocer fuera de nuestras fronteras, sino a enriquecer y proponer nuevas experiencias culturales para aquel que desee conocer en profundidad quiénes somos y qué cultura nos caracteriza. █